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Y ahora sí. ¡Volvemos!
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¿Preparados de nuevo?
Vale todo consiste en organizarse.
En eso reside la clave de todo.
He quedado para la inauguración de un bar con todos mis amigos. Por un lado está Estefanía, por otro Blanca que al parecer tiene pareja y creo que está enfadada conmigo porque hace siglos que no llamo (debería haberlo hecho, lo sé, es solo que lo vas dejando…), después está Ricardo con María, lo cual es bueno porque necesito apuntes de la universidad como sea. Y en el último punto está Elena que seguirá con su novio al que no soporto.
Pero los nervios son por otra razón. Llevo ya un tiempo con Carolina y hay algo que no me termina de gustar de ella y luego está el cómo come. Dios, eso es lo peor, es verdaderamente molesto y repugnante. Y he evitado el presentarle a mis amigos porque no me acabo de decidir si quiero estar con ella.
Soy un capullo, lo sé. Pero he tenido muchas cosas en mi cabeza y se me ha olvidado replantearme mi vida sentimental. He escrito un montón y… bueno ya os contaré más sorpresas manzanas impacientes.
El caso es que a las diez y diez de la noche Carolina llegaba diez minutos tarde.
Yo iba veinte retrasado.
Andaba por la casa a carreras buscando las llaves, el móvil, la cartera… Si por mi fuera cambiaría muchas disciplinas olímpicas, por ejemplo, arreglarse para salir es de un alto nivel de complicación porque tienes que pensar en muchos factores desde la ropa, hasta con quién te vas a encontrar y tratar de pensar cómo sorprender a todo el mundo, además de acordarte de llevar todas las cosas y luego está Valladolid que lo mismo te cueces que te mueres de frío y encima con la presión de la cuenta atrás de la hora a la que has quedado, que siempre se echa encima.
¡Timbre!
-Pasa Carolina, no está Al el raro.
-Siento haber llegado tarde pero es que mi abuela…
-No te preocupes
Le interrumpí, no porque no me interesase su abuela… bueno no. No me interesa.
-En la cocina hay bebida, ponte lo que quieras, no tardo nada.
Y nada fueron veinte minutos.
-¿Puedes llamarme al móvil? No lo encuentro.
-¿Se puede saber qué es esto?
Me asomé y vi que miraba el frigo
-Esos… son mis mandamientos
-“No repetirás ropa 2 días seguidos.”
Hizo una molesta pausa irónica y siguió leyendo
-“Nunca y bajo ninguna circunstancia. Si vas a dormir a casa de alguien llevas el pijama y ropa para el día siguiente…”
Tras esto se echó a reír
-No hagas eso
-¿El qué?
-El burlarte de mis cosas. Son mis mandamientos, es mi vida. No te burles de ella, no tienes derecho.
-¿Pero es en serio?
-¿Podemos cambiar de tema para evitar cabrearme?
-Entiende que me sorprenda que alguien que tiene como mandamiento “no correr detrás del autobús” se atreva a llamar a su compañero de piso Al el raro. ¿No te has dado cuenta de que a lo mejor eres tú el raro para él?
A decir verdad nunca lo había visto de ese modo. En fin, yo siempre me he considerado normal, un poco peculiar pero desde luego que yo no soy el raro.
Ni de broma. Y, ¿habéis visto a la gente que corre detrás del autobús? Lo mejor es cuando lo pierden y llegan a la parada andando disimulando, cómo que en realidad no corrían detrás de él…
-Anda vamos que ya llegamos tarde.
Y hay pocas cosas peores que presentar a tu pareja a tus amigos cabreado con ella. Seguro que os ha pasado, ese momento en que te molesta hasta su sola presencia. No. Mi relación no marchaba bien.
Hicimos todo el camino en silencio.
Y ya sabéis qué clase de silencio.
Mañana más Manzanas
Mañana más Manzanas

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